Tardes incontables mirando el mismo cielo en apariencia.
Siempre la sorprendía algún detalle que antes no había podido captar.
Desde que había reparado en el juego de luces y sombras se le hacía casi imposible embellecer su mirada con algo más.
De a ratos suspira, y un pensamiento la rescata de la profunda tranquilidad que en ella reina.
Se pregunta extrañada a dónde se fue en ese rato donde la mente no interrumpe abruptamente.
No logra descifrarlo.
Le inquieta la idea de que más adelante no podrá recordar ese instante.
Era más liviana que el aire.
Suele permanecer implacable, y siente como el instante se le escapa por los dedos de la mano.
Dentro de una gran burbuja,
ella es cálida y llena de sueños reconfortantes.
Se expande y se deja atravesar por el amor que desde dentro la enciende y motiva.
Hoy se encuentra en el lugar donde siempre quiso estar.
Desde lo más recóndito y lejos de su alma se alza la voz que dice:
"La transmutación ha finalizado".
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